Mi piel se erizó cuando entró en contacto con la tuya, saciando así todas las necesidades del mundo por un instante, de tal modo que pareció ya no haber más guerras ni gente muriéndose de hambre, porque para todos los males, tú siempre fuiste la solución. Y lo sigues siendo. Al igual que la piel, también se me erizó el corazón que temblaba con cada una de tus palabras que se marcaban en mi al rojo vivo. Mis labios se secaban deseando el roce de los tuyos como un desierto que espera la lluvia. Tus manos recorrían cada parte de mi cuerpo, lenta e intensamente. Nuestras miradas lo más semejantes a balas perdidas en el vacío. Y tu barba en ocasiones rozaba mi cuello, en ocasiones era tu lengua y no había nada más excitante que eso en un sencillo momento. Pero gracias a ti, experimenté la sensación más hermosa del planeta, llamada amor. Porque nadie me trataba como tú, nunca nadie antes me quiso como tú me quieres.
- Nereydda.
