Mis pensamientos rondaban todos y cada uno de los rincones de mi cabeza, era un sin parar, constante, doliente... Pero no podía hacerle nada, así que seguí machacándome con cada uno de ellos.
Todo eran preguntas, nunca obtuve una respuesta para ninguna de ellas, y así, continué echándole granos de arena a mis incertidumbres, hasta hacerlas pirámides, de esas imposibles de escalar.
Como tus ojos, tan sinceros y hirientes, y tu sonrisa, que quizás no sea perfecta, pero a mí me basta.
Y me encantaría que fueras capaz de darte cuenta, algún día, tal vez, de todo lo que siento y sentí, de todo lo que sentiré, y de todo lo que me seguirá doliendo... Aunque supongo que de esperanzas se vive, y los cuentos no siempre tienen finales felices.
Y así, como el niño pequeño que es arropado por su madre antes de dormir, vino y me arropó mi tristeza, para, una noche más, quedarse a mi lado y hacerme compañía en una noche oscura y desganada, como mi alma.
- Blooodyel.